Vas a vivir en grupo reducido explorando selva y mar, compartiendo mesa con desconocidos que se sienten familia
Son tus nueve días para parar, respirar y recordar quién eres más allá del éxito.
Durante años viví como se supone que hay que vivir: con un trabajo estable, éxito profesional, la agenda siempre llena. Todo en orden… menos yo.
Por fuera, la vida tenía forma de logro. Por dentro, era otra historia. Me sentía vacía. Iba cumpliendo casillas pero sin preguntarme si todo eso tenía algo que ver conmigo.
Cuando por fin aprendí a hacerme un hueco, lo usé como todos: viajé rápido, taché destinos y acumulé fotos sin alma.
Y si estás leyendo esto pensando “yo también lo he hecho”… espera.
Un día llegué a Senegal.
Allí viví un mes en casa de Ana, mi “madre africana”.
Dormía bajo su techo, cocinaba con ella, iba al mercado, reía con las mujeres del pueblo y trabajaba en el dispensario local.
Allí me enamoré perdidamente (pero esa historia te la cuento otro día).
Entre risas, polvo y pan compartido, entendí algo que me cambió:
no había viajado para conocer el mundo, sino para volver a mí.
Fue allí donde descubrí que los viajes de verdad no se hacen con maletas, se hacen con el alma.
Que viajar es compartir, escuchar, dejarse tocar por lo simple y lo real.
Desde entonces busco lugares que me devuelvan esa sensación.
Y en Costa Rica la volví a encontrar: la calma de su gente, el verde infinito y esa manera tan sencilla de decirlo todo con dos palabras: pura vida.
Porque viajar sin mirar, sin escuchar, sin dejar espacio a lo que pasa dentro, es seguir en piloto automático, solo con un paisaje distinto.
Si alguna parte de ti se ha sentido así, te cuento que esto no es mi bio: es una invitación a cambiar tu forma de viajar.
Soy Yolanda Vizcaíno, y he creado este proyecto para acompañarte a viajar distinto. Sin poses, sin filtros, sin prisa. Solo con la intención de dejarte tocar por lo real…
y volver a casa con el alma más ligera que la maleta.
El Caribe se ríe contigo
Arena blanca, snorkel, agua turquesa.
El bosque te deja sin excusas
Niebla, tirolesas, vértigo, silencio, café.
Aquí no pasa nada… y eso lo es todo
Mar tranquilo, sol, hamaca, barbacoa.
Yo confío en el poder del agua
Frescura, salto, bruma, selva, luz
Los pequeños momentos que emocionan
Descubre el secreto de las mariposas azules, shhh
La tierra también respira
Vapor, sendero, raíces, niebla, fuerza.
Azul imposible. Energía inolvidable
Tubing, espuma, selva, adrenalina, magia
El mundo se calla y tú también
Canales, manglar, ranas, estrellas, tortugas.
Aterrizas en el país de la pura vida
Llevas meses esperando este momento. Aterrizas en Costa Rica, un país que huele a selva, a café recién hecho y a lluvia fresca. Desde el aire ya se adivina su corazón verde: montañas cubiertas de nubes, ríos que serpentean como venas vivas y un horizonte que parece decirte sin rodeos: bajá el ritmo, que aquí nadie corre.
Primera sonrisa tica
Nuestro equipo te estará esperando en el aeropuerto con una sonrisa «tica». Esa que te hace sentir que has llegado a casa, aunque estés al otro lado del mundo. Esa que te deja dudando si no conocías al guía de alguna parte…
Rumbo al Pacífico
Desde aquí comenzamos el trayecto rumbo al Pacífico costarricense. Dejamos atrás la capital para adentrarnos poco a poco en la naturaleza. A medida que avanzamos hacia Puntarenas, el paisaje se transforma. Los cafetales se mezclan con palmeras, el aire se vuelve más cálido y el canto de las cigarras marca el ritmo del camino.
Cada curva, una postal
Montañas envueltas en niebla, pueblos tranquilos y miradas que sonríen al pasar.
Respira, ya llegaste
Al llegar a nuestro alojamiento será momento de descansar y dejar que el cuerpo se adapte al nuevo compás del viaje. Respira hondo. Estás en la tierra de la pura vida, donde todo se vive sin prisa y con alma.
Mañana comenzará la aventura de verdad. Te espera selva, adrenalina y esa sacudida que te baja de la cabeza al cuerpo sin pedir permiso.
Hoy es día de agua y sal
Después del desayuno, embarcamos rumbo a una de las joyas más bellas del Pacífico costarricense: la Isla Tortuga.
Trayecto en bote: pura emoción
El viento en la cara, el olor a sal y la posibilidad de avistar delfines jugando entre las olas hacen que empieces el día con energía pura.
Bienvenido al paraíso turquesa
Al acercarte a la isla, el agua cambia de tono. Va del azul profundo al turquesa cristalino. Palmeras, arena blanca y una sensación de calma infinita te dan la bienvenida.
Snorkel entre colores
Pasarás el día disfrutando de este paraíso tropical, practicando snorkel entre peces de colores, corales y aguas tan claras que parecen de cristal.
Almuerzo frente al mar
Entre baño y baño, podrás relajarte en la playa o saborear un delicioso almuerzo local frente al mar, con ese sabor Caribe y la vida sencilla que tanto conquista.
Atardecer sobre el océano
Por la tarde, regresamos en bote mientras el sol cae sobre el océano, tiñendo el cielo de dorado y violeta. Lo que vivas hoy no se borra fácil. Se queda dando vueltas cuando vuelvas a tu rutina.
El bosque huele a café
El amanecer huele a bosque y café recién hecho. Hoy llega uno de esos días que se viven con el corazón acelerado y los ojos muy abiertos.
Bienvenido al bosque nuboso
Después del desayuno nos adentramos en el bosque nuboso de Monteverde, un lugar mágico donde la niebla baila entre los árboles y la naturaleza se siente más viva que nunca.
Tirolinas: volar sobre la selva
La aventura comienza con un circuito de tirolinas que cruzan la selva a gran altura. El viento en la cara, la emoción en el pecho y la vista infinita del verde bajo tus pies te harán sentir que literalmente vuelas. Cada salto es libertad pura, una descarga de energía que sólo Costa Rica sabe regalar.
Puentes colgantes: perspectiva única
Después llega el momento de caminar sobre puentes colgantes, suspendidos entre los árboles. Desde allí podrás observar la selva desde otra perspectiva: bromelias, orquídeas, aves exóticas… y un silencio que sólo se rompe con el murmullo del bosque.
Adrenalina en las venas, alma vibrando
Terminas el día con adrenalina en las venas y el alma vibrando, asimilando la poderosa lección de vivir el presente que te da el bosque nuboso.
El mar te espera sin prisas
El día arranca con sal y calma. Ponemos rumbo a Playa Nacascolo, una de las playas más hermosas y tranquilas del Pacífico costarricense.
Bahía perfecta para desconectar
Aguas turquesas, arena clara y una bahía resguardada por colinas verdes te dan la bienvenida a un rincón que parece hecho para desconectar.
Día libre para disfrutar
Este día está pensado para disfrutar: nadar, caminar por la orilla, sestear bajo una palmera o simplemente dejar que el sol te abrace mientras el sonido de las olas marca el ritmo del tiempo.
Barbacoa estilo tico
A mediodía compartiremos una barbacoa al más puro estilo tico, con aroma a leña, sabores que hablan por sí solos y esa alegría que la gente pone como mejor sazón.
Risas, música, comida y playa
La combinación perfecta para celebrar el viaje y la amistad.
Atardecer sin agenda
El resto de la tarde lo tienes libre para contemplar el mar y el atardecer, cuando el cielo se pinta de naranja y rosa y el día se despide con calma.
Un día para no hacer nada. Y sentirlo todo.
Banda sonora: agua cayendo
El sonido del agua será la banda sonora de hoy. Después del desayuno, nos internamos entre montañas y senderos cubiertos de vegetación hasta llegar a uno de los paisajes más vibrantes del viaje: cascadas escondidas en el corazón verde de Costa Rica.
Catarata Morpho: mariposas azules
La primera parada es la Catarata Morpho, un velo de agua rodeado de mariposas azules que le dan nombre al lugar. Su vuelo entre la neblina y el brillo del sol sobre las gotas crean una escena que parece de otro mundo y despierta tu asombro.
Catarata Garza: rugido del agua
Continuamos hacia la Catarata Garza, donde el rugido del agua resuena entre los árboles y el aire se llena de frescura. Aquí podrás sentir la fuerza de la naturaleza muy de cerca: respirar hondo y dejar que la energía del bosque te envuelva.
Catarata Colibrí: encanto delicado
Para cerrar el día, llegamos a la Catarata Colibrí, más pequeña y delicada, pero con un encanto especial. Los colibríes revolotean entre las flores mientras el agua cae suavemente, creando un rincón perfecto para detenerse y simplemente estar.
Reconexión total
Es un día para reconectar con la tierra, el agua y la belleza salvaje de Costa Rica, y para reconectar contigo misma en medio de tanta pureza.
El río pintado por el cielo
Hoy te adentrarás en uno de los lugares más impresionantes de Costa Rica: el Parque Nacional Volcán Tenorio, hogar del mítico Río Celeste, un río tan azul que parece pintado por el cielo.
La leyenda del río
Cuenta la leyenda que cuando Dios terminó de pintar el firmamento, lavó sus pinceles en este río, y por eso adquirió su color turquesa único.
Caminata por selva tropical
Comenzamos con una caminata por senderos del parque, rodeados de selva tropical, árboles gigantes y sonidos que parecen de otro tiempo.
Cascada del Río Celeste: portal a otro mundo
El momento cumbre llega al descubrir la cascada del Río Celeste. Esta es una caída de agua poderosa, envuelta en vapor y misterio, que parece un portal a otro mundo.
Tubing: dejarse llevar
Después toca subir la adrenalina de nuevo. Nos vamos a una aventura de tubing por las aguas celestes del río. Flotas río abajo entre risas, espuma y adrenalina, mientras la selva te envuelve y el agua turquesa refleja el cielo.
El corazón de Costa Rica late aquí
Es un día para dejarte llevar, literalmente, por la fuerza y la belleza de la naturaleza. Porque si Costa Rica tiene un corazón, sin duda late aquí.
Rumbo al paraíso remoto
El viaje continúa hacia el remoto Parque Nacional Tortuguero, una joya natural que sólo se puede alcanzar por agua o aire. Desde el trayecto ya comienza la aventura: el camino se convierte en canales rodeados de selva, y el silencio sólo se rompe con el canto de las aves y el rugido lejano de los monos aulladores.
Dormir rodeado de selva
Durante estos dos días vivirás una experiencia que parece sacada de un sueño. Dormirás en plena selva tropical, escuchando el croar de las ranas y el susurro del agua bajo un cielo de estrellas.
Navegando entre manglares
Exploraremos los canales de Tortuguero, navegando en lancha entre manglares y bosques inundados donde cada curva trae una sorpresa: caimanes que se asoman entre los lirios, garzas blancas que alzan el vuelo, perezosos dormidos en las ramas.
Tortugas en su hábitat natural
Con un poco de suerte, podrás ver alguna tortuga verde saliendo del mar o dejando su rastro en la arena nocturna.
Aquí no hay prisa
En el Caribe no hay prisa. Sólo el fluir del agua, el pulso del bosque y esa sensación de estar exactamente donde debes estar.
Tortuguero no se visita, se siente
Aquí aprendes a fluir con la naturaleza y a apreciar la vida en su estado más puro.
Amanece despacio
Amanece despacio sobre el mar. El sonido de las olas se mezcla con los últimos pensamientos antes de emprender el regreso.
Cansado pero ligero
El cuerpo está cansado, sí, tal vez… pero el alma va ligera, llena de momentos que ya forman parte de ti.
Camino de vuelta
Después del desayuno, emprendemos el camino de vuelta hacia San José. Dejamos atrás playas, montañas y selvas que nos han regalado días de magia, risas, vértigo y silencio… Pero, sobre todo, dejando atrás tu prisa, tu culpa y ese viejo hábito de no darte tiempo.
Recuerdos por la ventana
En el trayecto, cada mirada por la ventana trae un recuerdo: el rugido del volcán, el azul imposible del Río Celeste, el aroma del cacao, el brillar de las cataratas, las voces del pueblo tico…
Pura vida como despedida
Costa Rica se despide con su frase más cierta: «Pura vida».
No es un adiós, es un hasta pronto
Y mientras el avión despega sabes que no es un adiós, sino un «hasta pronto». Porque hay viajes que no terminan cuando vuelves, sino que te acompañan para siempre.
Vuelves diferente
Vuelves distinta. Con menos carga, más verdad… y la certeza de que esta vez no viajaste solo para ver, sino para volver a sentir.
Sientes que lo que haces, y cómo vives, van por el mismo camino.
No es "perder el día", es encontrar calma sin justificarla.
Por fin puedes estar sin hacer. Y esa pausa mental te devuelve una energía que no viene del café.
Rellena el formulario y agendamos una reunión. Charlamos por videollamada sobre tus motivaciones y estilo de viaje. Si hacemos match, reservas tu plaza con 200 €.
Recibirás toda la información práctica: qué llevar, documentación y detalles del grupo. Un mes antes, te unimos al grupo privado de WhatsApp y hacemos una videollamada grupal por Zoom para conocernos. Ah, y recibirás una sorpresa a domicilio (no insistas, hasta ese momento no sabrás qué es).
Nosotros gestionamos todo. Tú llegas al aeropuerto y disfrutas. A tu regreso puedes seguir en conexión con la comunidad exclusiva de la Tribu LoViajo, con noticias y nuevos viajes.
Dos viajeros empedernidos que llevan años haciendo esto.
Jose organiza, anticipa, resuelve. Yolanda conecta, escucha, traduce lo que sientes en palabras que nunca habías encontrado.
Ninguno de los dos está aquí para rellenar un checklist de actividades.
Están porque saben lo que es vivir corriendo… y lo que pasa cuando decides frenar.
Su único objetivo: que disfrutes cada segundo de este viaje. No de boquilla. De verdad
Jose conoce cada sendero, cada rincón, cada historia que no aparece en las guías. Ha crecido entre estas montañas.
Chary tiene esa capacidad rara de hacerte sentir que llevas años conociéndola. Te cuenta las cosas como se las contaría a su familia.
Juntos son el equilibrio perfecto: conocimiento local + calor humano + cero poses.
Lo que ves aquí es lo que hay. Sin filtros.
Máximo 14 personas. Gente que ha trabajado duro, que valora el éxito, pero que ya no quiere seguir corriendo.
No vendrás a hacer nuevos contactos de LinkedIn.
Vendrás a conocer personas de verdad. De esas con las que compartes mesa, silencio, y esa risa que sale cuando bajas la guardia.
Gente que entiende tres cosas:
→ Que el éxito no se mide solo en logros
→ Que parar no es rendirse
→ Que conectar de verdad vale más que cien tarjetas de visita
Elegimos a cada persona con cuidado. Todos vienen del mismo lugar: han trabajado duro, valoran el éxito y ahora buscan algo más. La conexión sucede sola.
Si has llegado hasta aquí, ya sabes que sí puedes. La pregunta real es: ¿puedes permitirte seguir sin parar?
Costa Rica es uno de los países más seguros de Latinoamérica. Además, vas con un grupo y acompañamiento local en todo momento.
Este no es un grupo tradicional. No hay animadores ni dinámicas forzadas. Solo personas reales compartiendo experiencias auténticas.
El viaje tiene momentos grupales y tiempo libre. Puedes participar de todo o tomarte tus pausas. Nadie te juzga.
Las actividades están pensadas para cualquier nivel. No hace falta ser atleta. Solo ganas de vivir la experiencia a tu ritmo.
Te recomendamos contratar un seguro de cancelación. Si surge algo antes del viaje, la señal no es reembolsable pero sí transferible a otra persona.
Por defecto, habitación doble compartida (asignación según inscripciones). Si prefieres habitación individual, tiene un suplemento de 450 €
Escríbenos y te respondemos en menos de 24 horas.
1830 € / persona
Con personas que saben lo que es vivir deprisa… y han decidido parar.
Es un viaje para recordar por qué trabajas
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